El periodismo no es un negocio. Y cuando se convierten en uno, deja de ser periodismo para transformarse en herramienta de manipulación. No ser un negocio no significa que haya que tirar el dinero, significa que obtener beneficios económicos no es el objetivo de esa actividad.
El periodismo nació para informar de la actualidad y hacerlo de la manera más objetiva posible. La plena objetividad es imposible, pero renunciar a esa búsqueda es pervertirlo. El dueño de Amazon acaba de comprar el diario Washington Post y sin querer ha puesto el dedo en la llaga del poder de nuestro tiempo. En una sociedad de la Información y la Opinión Pública, los medios de comunicación sólo podrán ser independientes y cumplir una función social (no la mera defensa de los intereses de sus dueños) cuando ser propietario de un medio sea incompatible con tener otros negocios. Si no, el periodismo acabará siendo tan sólo portavoz de un oligopolio.