Nunca ha habido tantos lectores y nunca ha estado la literatura tan amenazada. En otras épocas fue más perseguida, pero peor que la falta de libertad, contra la que la literatura misma es arma poderosa, es la falta de curiosidad y apoyo de los lectores. Hoy se lee más, pero se lee lo mismo. Es una lectura clónica. Y la diversidad del ecosistema literario agoniza. Se reclama el derecho a la diferencia, y se actúa como mimético consumidor de libros producidos en cadena. Se clama por salarios dignos y derechos sociales, y se piratean los libros que otros han escrito con años de trabajo, privándoles incluso de lo poco que ganaban.

