Hace dos días, el 26 de enero, se cumplieron 35 años de la matanza de Atocha, en Madrid. Un grupo de abogados laboralistas del entonces clandestino sindicato Comisiones Obreras, la mayoría militantes también del no menos clandestino partido comunista de España, fue tiroteado por pistoleros de extrema derecha. Era el año 1977, todavía no había democracia.
El entierro de los abogados, al que acudieron decenas de miles de personas, fue una prueba de fuerza del PCE y la demostración del compromiso de los comunistas españoles con la libertad, aún a riesgo de sus vidas. Porque una misma palabra, comunismo, puede significar cosas diferentes en realidades sociales e históricas distintas. Paradójicamente, aquel crimen trajo la legalización de los partidos políticos. Un momento clave que hoy casi nadie evoca. ¿Cómo recuperar la Memoria Histórica cuando ni se recuerdan los hechos que vivimos anteayer? Maldito olvido.

