Cada día

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Tras las últimas elecciones, Venezuela ha vivido un pulso político sin escrúpulos entre el chavismo, para cuestionar la legitimidad del parlamento electo, y la oposición, para destituir al presidente de la república electo. Ahora, el Tribunal Supremo retira las competencia al parlamento venezolano acusándolo de desacato y asume sus funciones, en un disparate político y legal que sólo puede ser calificado como golpe de estado, pues anula a uno de los tres poderes −el legislativo−, emanado directamente de la voluntad popular (cosa que cabe aplicar también al presidente electo, por más que la oposición haya querido ignorarlo hasta ahora), y altera el orden constitucional al ser el poder expoliado el que representaba la pluralidad política de la nación.

La oposición venezolana lleva años gritando dictadura, cuando no había tal. Ahora que de verdad llega, les sucede como en el cuento del lobo: nadie les hace caso.

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La muerte del líder histórico de la revolución cubana, Fidel Castro, evidencia una vez más la distancia que hay entre la realidad y los sueños. Pocos esfuerzos liberadores han sido más justificados y han despertado mayor entusiasmo que el iniciado en 1959. Su intento de dotar a Cuba de justicia y de voz propia independiente en el mundo forma ya parte del acervo de progreso de la Humanidad.

De igual modo, la deriva autoritaria del régimen revolucionario bajo la Guerra Fría y los errores voluntaristas de sus dirigentes, que tanto desgaste han producido en la población de la isla, advierten de cara al futuro sobre los peligros de un socialismo sin pluralismo. Cuba es una nación soberana con innegables avances sociales. También es un país lastrado por la falta de crítica interna plural indispensable para evitar o corregir abusos. Conciliar justicia social y pluralismo democrático es el reto de la Cuba que deja a su muerte.

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Las manifestaciones contra la elección de Trump en diversas ciudades de EE.UU reflejan más que una simple frustración. Ahora vencedor y derrotada hablan de unidad, pero estas elecciones han mostrado al mundo una democracia herida en el corazón: Clinton ha obtenido 500.000 votos más que su rival y no va a ser la presidente del país. El perdedor es quien va a serlo. Y eso es posible porque la voluntad popular, base de la democracia, es deformada por un sistema electoral aberrante aceptado por el stablishment de ambos partidos pero que traiciona el mandato de los ciudadanos.

Hay incluso una iniciativa de improbable éxito para exigir a los representantes republicanos en el Colegio Electoral que respeten la voluntad mayoritaria y elijan presidente a la candidata que fue más votada. Lo que sí parece claro es que un gobierno nacido de semejante manipulación no va a tener legitimidad para dar lecciones de democracia a nadie.

*Link a la iniciativa para pedir que el Colegio Electoral elija al candidato que más votos tuvo: https://www.change.org/p/electoral-college-electors-electoral-college-make-hillary-clinton-president-on-december-19?recruiter=1216582&utm_source=share_petition&utm_medium=facebook&utm_campaign=autopublish&utm_term=mob-xs-share_petition-no_msg