Cada día

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El resultado de las elecciones en España ofrece una radiografía de la sociedad española que las fuerzas que aspiran a desplazar al establishment que lleva décadas malgobernando el país han de analizar para que esa posibilidad de transformación no se quede en sueño de una noche de verano.

La sociedad española es hija de un miedo impreso a sangre y fuego por siglos de intolerancia y pedagogía de la resignación. Basta invocarlo, aunque sea recurriendo a espantajos artificiales como transformar a Venezuela en una especie de circunscripción electoral fantasma, para que a pesar de la indignación por abusos y corrupciones buena parte del electorado compre el discurso del orden y amplíe la victoria del corrupto PP. Unidos Podemos ha mantenido su fuerza, pero debe desarrollar una política que sea capaz de incorporar no sólo a los adeptos. Ha de hacerlo sin traicionarse, pero si no lo hace no habrá posibilidad real de cambio.

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Con el descaro y la falta de rigor intelectual que son sellos de marca de los partidos del establishment español, PP, PSOE y Ciudadanos pretenden utilizar el triunfo de los partidarios de la salida de Reino Unido de la UE como arma electoral contra Unidos Podemos. Prueba definitiva de que votar a cualquiera de esos tres partidos es votar lo mismo: continuidad en las políticas suicidas de austeridad que han llevado a la UE a la actual crisis. Un camino a ninguna parte.

Lo que está socavando a la UE no son las críticas de la izquierda alternativa, sino las políticas injustas impuestas por una burocracia europea al dictado de los intereses del país que la domina. La xenofobia de la extrema derecha tiene alas gracias a ellas. En la UE faltan democracia interna y políticas solidarias que la cohesionen. Tras el Brexit, las nuevas políticas que propone Unidos Podemos son más necesarias que nunca: la UE sólo tendrá un futuro si cambia.

 

 

El odio

Domingo, 12 Junio 2016 20:11
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La matanza perpetrada durante una fiesta en un club gay de la ciudad estadounidense de Orlando es una nueva tragedia en la espiral de odio en la que llevamos colectivamente sumidos desde hace demasiado tiempo. Primero se pensó que era un crimen homófobo. Después se ha sabido que el Estado Islámico reivindica la masacre en nombre de la yihad. No son dos motivaciones diferentes.

El terrorismo islámico, como proyecto totalitario que es, castiga la discrepancia y la diversidad, y cuando reclama el reconocimiento de la identidad musulmana es para imponer su visión excluyente de la misma, que hace de los musulmanes que no le son adictos sus primeras víctimas. El reconocimiento de los derechos de los homosexuales, su derecho a amar libremente, ha sido un paso de gigante en las libertades civiles. De ahí el odio que les profesan los fanáticos de todo credo. Por eso, defender a la comunidad LGTB es defender la libertad de todos