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La decisión de Podemos de no invitar a seis medios de comunicación a un desayuno restringido off (o sea, con compromiso de no reproducir lo que en él se hable) ha hecho que la Asociación de la Prensa de Madrid cargue de nuevo contra este partido en una nota de prensa. Hace unos meses, esa asociación acusaba a Podemos de amenazar a periodistas, sin aportar prueba alguna de dichas “amenazas”. Y en su nota habla de “veto” y de “exclusión”, como si la invitación a esos medios fuera obligatoria.

Reuniones off restringidas las hacen las más diversas fuerzas políticas, al igual que conceden entrevistas a unos medios sí y a otros no sin que la asociación se indigne. Lo que debería ser organismo de defensa profesional se ha convertido en herramienta de acoso político contra Podemos. Lo irritante es que este doble rasero, que revela una militante inquina ideológica, se aplique hipócritamente en nombre de la profesión periodística.

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La izquierda que ha votado a Macron para impedir el triunfo de Marine Le Pen no debe conceder al nuevo presidente ni un día de respiro. La ambigüedad calculada de este oportunista de la política le ha servido para llegar al poder sin pertenecer a ningún partido tradicional. Ahí ha estado su fuerza. Ahí está también su debilidad.

Francia le ha cerrado la puerta al fascismo (porque eso representa el FN, aunque los grandes medios lo enmascaren recurriendo al concepto-papelera de “populismo”). La izquierda alternativa ha cumplido un primer deber: permanecer fiel a la lucha antifascista. Con una generosidad hacia su adversario ideológico que cabría preguntarse si habría sido recíproca si fuera Mélanchon quien hubiera pasado. La tarea ahora es desplazar del gobierno al neoliberalismo en las próximas elecciones con una oposición que presente un modelo social diferente y evite que la desesperanza siga dando alas al FN.

 

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Con la tozudez de los prejuicios y la arrogancia de los puros de espíritu, buena parte de los seguidores de Mélenchon afirma que va a abstenerse o votar en blanco en la segunda vuelta de las presidenciales francesas.  Su equiparación de Marine Le Pen con Macron (en vez de anunciar un voto a éste con aviso de oposición a sus políticas) recuerda al discurso de los comunistas alemanes de los años 30 equiparando a socialdemócratas y nazis. Ya se sabe el resultado. Y la izquierda alternativa francesa tendrá que responder ante la Historia si con su actitud permite la victoria del Frente Nacional.

Anteponer la pureza del voto anti-neoliberal a la defensa de los intereses concretos de los millones de personas que sufrirían discriminación y persecución en una Francia lepenista (la mayoría de ellas inmigrantes) puede llevar a la nueva izquierda francesa a una cruel paradoja: la de caer en el más viejo de los errores, el sectarismo.

*Link a la noticia sobre la intención de voto de los seguidores de Mélanchon:http://www.eldiario.es/internacional/Francia-Insumisa-blanco-frente-Pen_0_639386680.html

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