Cada día

Cada día (785)

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Desde el bochornoso espectáculo de la manipulación de los atentados del 11-M de 2004 por el gobierno de Aznar, la deriva del PP hacia el extremismo conservador ha sido una constante, tanto en la oposición como en los gobiernos de Mariano Rajoy, con sus recortes en derechos y libertades. Hoy se completa ese viaje de retorno a sus orígenes autoritarios con la elección como presidente del PP de Pablo Casado, el agresivo retoño de la extrema derecha española.

Va a ser interesante ver la disputa por el voto más reaccionario y nacional-católico entre el discurso neo-joseantoniano de Ciudadanos y la nueva camada de extremistas al frente del PP. No sería de extrañar que Rivera tenga que buscar el regreso al centro, porque el furibundo PP que se avecina va a achicarle espacio electoral. Los tiempos vienen marcados por el sello ultra del emperador americano, y la extrema derecha es hoy un peligro real para la democracia en Europa.

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El anuncio de la disolución definitiva de ETA es una buena noticia, pero bien amarga. Pone fin a casi 60 años de muerte, miedo y abusos. Una larga historia de violencia que continuó más allá de toda lógica.

A los 829 muertos que causó, las 20.000 personas que dejó heridas física o psicológicamente, las 10.000 personas que chantajeó, las miles que tuvieron que exiliarse del País Vasco o que vivir en él con la muerte pisándoles los talones… a todo eso, hay que sumar su contribución al fortalecimiento del terrorismo de Estado y del autoritarismo en la sociedad española, que durante todos estos años encontraron en ETA el mejor argumento para justificar su existencia y amenazar así la libertad de todos. ETA no ha conseguido nada de lo que pretendió alcanzar con las armas, pero sí ha servido para minar y ayudar a corromper la democracia española. Su existencia no sólo ha sido criminal e inútil, también ha sido cruelmente estúpida.

*Link a la noticia de la disolución de ETA: https://www.infolibre.es/noticias/politica/2018/05/03/eta_disuelve_tras_asesinar_829_personas_secuestrar_extorsionar_000_con_358_crimenes_sin_resolver_82417_1012.html
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Si se escucha el agrio coro de voces del descontento y sus motivos: el millar de políticos encausados por corrupción, sentencias judiciales claramente injustas, limitaciones a la libertad de expresión, detenciones bajo falsas acusaciones de terrorismo o de rebelión, escándalos de nepotismo y favoritismo. Resulta muy difícil entender que no haya dimisiones en cascada y que las encuestas electorales no anuncien un cambio radical, sino más de lo mismo.

Buena parte de la explicación a este desastre seguramente tiene que ver con el lenguaje político de España, que está lleno de insultos, de chascarrillos, groserías y sandeces. Le falta rigor, análisis, enjundia y coherencia. Se dice cualquier cosa, de cualquier manera. Y los ciudadanos se han habituado a que el juego político se parezca a un reality show. Las ocurrencias han sustituido a la política. Y no se puede regenerar un país sin un lenguaje que ayude a pensar.

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