La excusa

Martes, 18 Octubre 2011 05:05
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¿Cómo pueden salir los demonios del Infierno? Esa es la pregunta cuando se quiere poner fin a un movimiento terrorista. Porque el camino que va de considerarse un héroe de la causa a ser visto como simple asesino no es fácil. De guerrero a criminal, un desbarrancadero del amor propio. Y sin embargo, hay infiernos que sólo se clausuran del todo por falta de mano de obra, de modo que hallar una salida para esos demonios es también interés de las víctimas.

La conferencia de paz del País Vasco no responde a una necesidad de la sociedad española. En realidad, quien más la necesita es la propia ETA: la petición internacional de fin de la violencia puede servirle de excusa para abandonar las armas y esa sería su única utilidad. El resto es pose. Los etarras saben, por más que aparenten, que saldrán de su infierno no rumbo al cielo de la negociación política sino al largo penar del purgatorio. El último tema de conversación que les queda.

La voz de la calle

Domingo, 16 Octubre 2011 00:10
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Cuando quienes deberían representarlos no lo hacen y la mayoría de los medios de comunicación son meros portavoces de los intereses económicos y políticos de sus propietarios, a los ciudadanos sólo les queda la calle. La vieja ágora de la primera democracia ateniense. La voz de la calle se ha oído en todo el mundo con fuerza. No sólo para protestar sino para presentar su discurso y sus alternativas.

De las pancartas de Lisboa se puede extraer  parte del relato indignado: “Mi vida está congelada”, mientras “los capitales son libres y los pueblos, esclavos”, decían. Así pues, “sálvate del rescate”. Porque “no es la crisis, es el sistema”, un duro combate “capitalismo versus Humanidad”. Y denunciaban que “la justicia está en las Caimán de vacaciones” y que “en sanidad la austeridad puede matar”. Y exigían que “quiten sus manos de nuestros derechos”.  Para que la historia no termine con “…y fueron pobres para siempre. FMI ”.

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Decía Ortega y Gasset que los esfuerzos inútiles conducen a la melancolía. El problema es cómo se mide la utilidad de un esfuerzo. ¿Fue útil el de Espartaco al levantar a los esclavos contra la poderosa Roma? ¿Y el de los obreros de Chicago, el 1 de mayo de 1886, al luchar por la jornada laboral de ocho horas? A Espartaco lo crucificaron y a los dirigentes obreros de Chicago los ejecutaron. Pero hoy la esclavitud está abolida y las ocho horas ya no son un sueño.

Pese al poder del absolutismo y de los prejuicios, en el siglo XVIII ya se pedía democracia y un sufragio universal que diera voto a la mujer. Hoy los indignados del mundo reclaman una auténtica democracia y el fin de la dictadura de los mercados, frente al aparentemente inamovible poder del dinero y las armas. ¿No será que lo mejor de la Humanidad sólo se alcanza, precisamente, con esos esfuerzos que quienes defienden el orden establecido presentan siempre como inútiles?