Remedio santo

Viernes, 28 Octubre 2011 04:53
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En medio de la orgía financiera cuyas devastadoras consecuencias estamos pagando entre todos, se decidió llamar “El Reino de Don Quijote”, ni más ni menos, a un delirante megaproyecto urbanístico de la región de La Mancha. Sus promotores, con pleno apoyo oficial, se apropiaron del personaje de Cervantes para trocar los delirios de libertad del hidalgo en codicia monetaria. Hoy, el proyecto está en crisis y camino al concurso de acreedores.  Nada más lógico, pues si hubieran leído el Quijote sabrían que a sus héroes no se ofrece más que un reino de mentira, la ínsula Barataria, que sólo sirve para tomar el pelo al pobre Sancho Panza.

Las grandes obras de la literatura parecen ser inmunes al manoseo de los mercachifles. Y al final imponen la grandeza de sus palabras como sabia venganza contra quienes pretendieron manipularlas. En estos tiempos difíciles, tan propicios para la mezquindad, la lectura es sin duda un santo remedio.

Blues en Gijón

Lunes, 31 Octubre 2011 05:07
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No se trata de hablar de los políticos que ahora rigen la ciudad de Gijón sino del desastre del que son responsables por relegar la cultura con la excusa de la crisis. Este fin de semana ha dicho adiós uno de esos eventos literarios que son punto de encuentro de autores de todo el mundo y nos permiten soñar todavía con que el ser humano es algo más que la prolongación de su tarjeta de crédito: el Salón del Libro Iberoamericano de Gijón, que dirigía Luis Sepúlveda.

El otro festival literario de Gijón, la Semana Negra, el más delirante e innovador de cuantos conozco, tuvo lugar este año pese a los obstáculos oficiales y aún no está claro si continuará el próximo o deberá mudarse a otra ciudad cuyas autoridades entiendan su importancia. Como en un blues, los gijoneses no tardarán en lamentar la pérdida de iniciativas que habían revivido la ciudad con el dinamismo de la cultura. Más necesaria que nunca en estos tiempos. Qué tristeza.

La ONU y la sordera selectiva

Jueves, 27 Octubre 2011 05:18
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El Gobierno de Estados Unidos sufre un extraño síndrome cuando acude a las reuniones de la ONU. A veces, no sólo escucha las resoluciones aprobadas por la asamblea de ese organismo sino que castiga a sangre y fuego a aquellas naciones que no las cumplen. En otras, una repentina sordera le hace no darse por enterado de lo que esa asamblea aprueba e ignorar olímpicamente sus resoluciones.

La ONU acaba de aprobar por 186 votos a favor, 3 abstenciones y 2 en contra, de EE.UU e Israel (lo de esta pareja es ya una relación escandalosa), una nueva condena casi unánime contra el embargo de EE.UU a Cuba. La voluntad de la comunidad internacional, invocada por las autoridades estadounidenses cuando les conviene para justificar invasiones y bombardeos a otros países, se convierte en nada cuando contradice aquello que ellas preconizan, como sucede con Cuba e Israel. Se ve que la ONU sólo es sagrada cuando a EE.UU le interesa que lo sea.