Malas consejeras

Domingo, 30 Octubre 2011 05:02
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Tras la declaración de cese de violencia de ETA, hay quienes urgen a compensar de algún modo a la banda. Se suele decir que las prisas son malas consejeras y lo cierto es que los hechos acostumbran a dar la razón al dicho. Seguramente eso habrán pensado, por ejemplo, los jurados de la Academia sueca, viendo a la OTAN bombardear ciudades libias con el prematuro premio Nobel de la Paz, Barak Obama, pregonando las virtudes de la nueva moda guerrera.

Los nacionalistas vascos y los abertzales del brazo político de ETA reclaman ya la aplicación de beneficios penitenciarios a los presos etarras. Pero no hay razón para prisas. Por respeto hacia quienes padecieron los atentados y las agresiones de la banda y porque ETA tienen mucho que demostrar. Se tomaron 30 años para decidir dejar de matar y pretenden obtener beneficios en un mes. Les va a tocar entender que el camino de la paz es acertado, pero que también va a ser largo para ellos.

 

Mundos en el mundo

Sábado, 29 Octubre 2011 04:54
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Una camiseta verde, si eres maestra y defiendes la enseñanza pública, puede llevarte a la comisaría. El rector de la londinense catedral de San Pablo puede pagar con su cese haber acogido a manifestantes anticapitalistas. La Puerta del Sol puede dejar de ser una plaza donde ejercer el derecho de manifestación, para convertirse en el jardín privado que permita a la presidenta de la autonomía de Madrid macerarse en su hostil chabacanería sin que nadie la moleste. Los acampados en el parque Zucotti de Nueva York pueden ser desalojados a golpes, para que Wall Street pueda seguir estrujando al planeta como a un limón.

Y a pesar de todo ello, un mundo distinto se empeña en crecer bajo las aceras, las entidades bancarias y los palacios de gobierno del mundo oficial. Lo dijo Paul Éluard, un poeta surrealista que supo conciliar vanguardia y compromiso político: “hay otros mundos, pero están en este”. O, al menos, pueden estarlo.

Remedio santo

Viernes, 28 Octubre 2011 04:53
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En medio de la orgía financiera cuyas devastadoras consecuencias estamos pagando entre todos, se decidió llamar “El Reino de Don Quijote”, ni más ni menos, a un delirante megaproyecto urbanístico de la región de La Mancha. Sus promotores, con pleno apoyo oficial, se apropiaron del personaje de Cervantes para trocar los delirios de libertad del hidalgo en codicia monetaria. Hoy, el proyecto está en crisis y camino al concurso de acreedores.  Nada más lógico, pues si hubieran leído el Quijote sabrían que a sus héroes no se ofrece más que un reino de mentira, la ínsula Barataria, que sólo sirve para tomar el pelo al pobre Sancho Panza.

Las grandes obras de la literatura parecen ser inmunes al manoseo de los mercachifles. Y al final imponen la grandeza de sus palabras como sabia venganza contra quienes pretendieron manipularlas. En estos tiempos difíciles, tan propicios para la mezquindad, la lectura es sin duda un santo remedio.