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En política, las coincidencias raramente existen. El Rey de España ha abdicado, poniendo en marcha los mecanismos constitucionales para la renovación de la Jefatura del Estado, en el momento de mayor deterioro del prestigio de la Corona y del sistema político imperante.

Su abdicación es un reconocimiento de la crisis de la institución y del Régimen que ha encarnado y una hábil maniobra defensiva para intentar asegurar la pervivencia de ambos, antes de que la dinámica política propuesta por la izquierda transformadora en las recientes elecciones cobre más fuerza. Sin embargo con ella surge la ocasión para denunciar el profundo sentido antidemocrático de la transmisión de poder por vía sanguínea y para exigir que el Jefe de Estado sea elegido en las urnas por la voluntad del pueblo de hoy, no del de hace casi 40 años. La Monarquía mueve ficha y, sin pretenderlo, sienta a la República del otro lado del tablero político.

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El PSOE promete, cada tanto, renovación y oír lo que dice la calle. Y cada vez vuelve a defraudar a sus electores por su incapacidad de romper con el modelo político establecido. Sus intereses partidistas (y los intereses de su burocracia de partido e institucional, en particular) le han amarrado al barco del naufragio del sistema. Por eso sus promesas ya no tienen credibilidad. Hoy por hoy, sólo cuentan los hechos.

Si el PSOE no se compromete a terminar de una vez con el modelo bipartidista, reformando la ley electoral para hacerla proporcional, todo lo que prometa ahora, presionado por el miedo a la derrota, se convertirá como tantas veces en palabras que se lleva el viento. No puede seguir pretendiendo monopolizar el espacio de la izquierda. Es hora de un diálogo entre iguales con el objetivo no de ofrecer una versión light del sistema, sino de cambiarlo. ¿Está dispuesto a eso o se trata de una nueva maniobra electoral?

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Mientras Europa mostraba en las elecciones su descontento ante las políticas de austeridad, EE.UU. y la UE han seguido negociando un tratado comercial (TTIP) que, de aprobarse, puede suponer la destrucción de la ya frágil democracia europea. Las negociaciones se desarrollan en un secreto que resulta revelador, a la vista de lo poco que se sabe: que se pretende degradar las normas sociales, laborales y ambientales.

En un paso más en la deriva hacia una dictadura económica, son los propios Mercados, causantes de la crisis, los que están interviniendo a través de sus lobbys en el diseño de una supra legislación comercial que quiere sustituir la voluntad de los ciudadanos por la sumisión de los consumidores. Es urgente forzar a los gobiernos a dar información completa sobre las negociaciones y exigir que sean los ciudadanos quienes aprueben o rechacen el acuerdo en referéndum. Nos jugamos el futuro. Es hora de hablar.

*Link a la información sobre las negociaciones del TTIP: http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2014-05-23/el-acuerdo-secreto-que-se-negocia-en-washington-y-que-hara-inutil-tu-voto_134908/