Paradoja

Sábado, 12 Noviembre 2011 05:37
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Como un sueño. En Lisboa se han reunido Paul Auster, J.M. Coetzee, Don DeLillo y Siri Hustvedt. Un poker literario irrepetible. La sala se llenó a reventar y muchos se quedaron fuera, frustrados por perderse un encuentro de tintes legendarios. Cada autor leyó durante 15 minutos un texto y el acto se clausuró sin debate ni preguntas del público. ¡Qué extraña sensación!

Nunca se ha leído ni se han publicado tantos libros como ahora. Y, sin embargo, hay algo errado, algo no cuadra. La literatura convertida también en espectáculo se desangra en palabras para nada. Voces que leen, oídos ansiosos y un muro de cristal que los separa. Los mismos títulos en todas las librerías, repetidos mil veces (imitados otras tantas). Y autores que arrastran su amor por la escritura ante la indiferencia de editores que no los ven rentables. Y grandes, grandísimos autores, que llegan, leen y, sin quererlo, dan testimonio de nuestra derrota.

Amarcord

Viernes, 11 Noviembre 2011 05:11
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En dialecto romañolo la palabra Amarcord significa “me acuerdo”. Así tituló Fellini el filme sobre su infancia bajo el fascismo. La voluntad de recordar. Tan necesaria. Hoy que las encuestas anuncian la llegada al gobierno español del Partido Popular, yo también amarcord.

Recuerdo a Rajoy diciendo el 11-M que tenía “la certeza moral de que ha sido ETA”. Y al apoyo del PP a la delirante teoría de la conexión ETA-Al Qaeda. Los zapatos de Aznar sobre la mesa tras decidir la guerra del Golfo. La acusación a Zapatero de “traicionar a los muertos” por hablar con ETA. El uso del terrorismo para desgastar al gobierno. Las diatribas contra el matrimonio homosexual. La sumisión a los obispos. La negación de cualquier apoyo al gobierno en plena crisis. Y la catarata de insultos con que sus escribanos mediáticos han cubierto a quienes discrepan de ellos. Esos fanáticos son quienes pueden llegar al gobierno, si logran que se olvide.

Camino al infierno

Jueves, 10 Noviembre 2011 04:13
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El informe del OIEA dice que Irán puede hacerse con armas atómicas, y el gobierno de Israel y las diplomacias inglesa y estadounidense colocan ya a ese país en la diana de un ataque militar. Sin que nadie recuerde que admitir que había que convivir con un adversario atómicamente armado fue lo que evitó, en la guerra fría, el holocausto nuclear, ni se escandalice por el “casual” hecho de que sean los países que tienen la letra P (de petróleo) los que suelen sufrir los rigores de los justicieros internacionales. Esos que, como escribió Cervantes en El Quijote, “donde quiera que están traen el infierno consigo”.

Porque al infierno de la guerra de los presuntos bienintencionados no se arroja sólo a pecadores sino a millones de inocentes. Y, para colmo, los empedradores de este camino infernal cuentan con la inestimable ayuda de las autoridades iraníes, que responden a las amenazas con bravuconadas y diatribas antisemitas.