Lo que el ojo ve

Martes, 15 Noviembre 2011 05:15
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Cuando no se busca no se ve. Esa es la forma más eficaz de ceguera. Una ceguera blanca en la que cada cual adivina la luz que le conviene. La policía alemana ha desmantelado un grupo terrorista neo-nazi que había cometido, por los menos, diez asesinatos durante los últimos trece años. Por lo menos. Un tiempo de impunidad desmesurado en un país abanderado de la eficiencia y de la eficacia antiterrorista en particular.

Del otro lado del atlántico, llega la noticia de que muchos de los candidatos republicanos a las próximas elecciones en Estados Unidos defienden el uso del waterboarding, el ahogamiento con agua durante los interrogatorios. Es obvio que la policía alemana no supo ver a  terroristas en los enemigos de los emigrantes turcos, como es obvio que los candidatos republicanos no saben ver tortura en esa agua que asfixia a los presuntos terroristas islámicos interrogados. El ojo ve lo que le dejan ver los prejuicios.

 

 

El voto útil

Lunes, 14 Noviembre 2011 04:44
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Con un sistema electoral concebido para discriminar a los ciudadanos, cada elección se convierte en un chantaje. Las fuerzas mayoritarias obtienen más diputados de los que proporcionalmente correspondería a sus votos, mientras que las minoritarias de nivel estatal logran en proporción menos de los que deberían. Así, el voto a una fuerza minoritaria como IU se presenta como inútil o, aún peor, como una manera de debilitar a la fuerza mayoritaria más cercana ideológicamente.

Por eso el PSOE no se cansa de pedir el voto útil, haciendo de la discriminación virtud. Sin embargo, por una vez y paradójicamente, llevan razón. Existe un voto útil, pero no es el que ellos piden. Votar a una fuerza minoritaria, que tenga base electoral, pero votar. Ese es el secreto para impedir o, al menos, limitar una mayoría aplastante. Lo único que asegura la mayoría absoluta del PP es que la izquierda se quede en casa el día de las elecciones.

Sabor agridulce

Domingo, 13 Noviembre 2011 05:27
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Berlusconi ha dimitido. Punto final a una historia vergonzosa. Años de degradación de la democracia, de vulgaridad y estupidez, de manipulación y corrupción. Es inevitable sentirse satisfecho y, sin embargo, ¿por qué esta sensación ingrata de que en el fondo nada ha cambiado?

Guste o no, Berlusconi fue elegido en votación por el pueblo italiano (prueba de que los pueblos también se equivocan). Un producto aberrante de la democracia, si se quiere, pero producto democrático al fin. Ahora no es el pueblo italiano quien lo saca del poder sino los mercados. Bien está que se vaya, Italia sería mejor si lo hubiera hecho mucho antes, pero el problema es que el juego del poder empieza a dirimirse fuera del ámbito que le corresponde: el de las elecciones. Igual que acaba de pasar en Grecia. Los mercados pervierten el sistema e Italia se libra de Berlusconi aprobando unas medidas económicas injustas que dejan un sabor agridulce.