El voto útil

Lunes, 14 Noviembre 2011 04:44
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Con un sistema electoral concebido para discriminar a los ciudadanos, cada elección se convierte en un chantaje. Las fuerzas mayoritarias obtienen más diputados de los que proporcionalmente correspondería a sus votos, mientras que las minoritarias de nivel estatal logran en proporción menos de los que deberían. Así, el voto a una fuerza minoritaria como IU se presenta como inútil o, aún peor, como una manera de debilitar a la fuerza mayoritaria más cercana ideológicamente.

Por eso el PSOE no se cansa de pedir el voto útil, haciendo de la discriminación virtud. Sin embargo, por una vez y paradójicamente, llevan razón. Existe un voto útil, pero no es el que ellos piden. Votar a una fuerza minoritaria, que tenga base electoral, pero votar. Ese es el secreto para impedir o, al menos, limitar una mayoría aplastante. Lo único que asegura la mayoría absoluta del PP es que la izquierda se quede en casa el día de las elecciones.

Sabor agridulce

Domingo, 13 Noviembre 2011 05:27
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Berlusconi ha dimitido. Punto final a una historia vergonzosa. Años de degradación de la democracia, de vulgaridad y estupidez, de manipulación y corrupción. Es inevitable sentirse satisfecho y, sin embargo, ¿por qué esta sensación ingrata de que en el fondo nada ha cambiado?

Guste o no, Berlusconi fue elegido en votación por el pueblo italiano (prueba de que los pueblos también se equivocan). Un producto aberrante de la democracia, si se quiere, pero producto democrático al fin. Ahora no es el pueblo italiano quien lo saca del poder sino los mercados. Bien está que se vaya, Italia sería mejor si lo hubiera hecho mucho antes, pero el problema es que el juego del poder empieza a dirimirse fuera del ámbito que le corresponde: el de las elecciones. Igual que acaba de pasar en Grecia. Los mercados pervierten el sistema e Italia se libra de Berlusconi aprobando unas medidas económicas injustas que dejan un sabor agridulce.

Paradoja

Sábado, 12 Noviembre 2011 05:37
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Como un sueño. En Lisboa se han reunido Paul Auster, J.M. Coetzee, Don DeLillo y Siri Hustvedt. Un poker literario irrepetible. La sala se llenó a reventar y muchos se quedaron fuera, frustrados por perderse un encuentro de tintes legendarios. Cada autor leyó durante 15 minutos un texto y el acto se clausuró sin debate ni preguntas del público. ¡Qué extraña sensación!

Nunca se ha leído ni se han publicado tantos libros como ahora. Y, sin embargo, hay algo errado, algo no cuadra. La literatura convertida también en espectáculo se desangra en palabras para nada. Voces que leen, oídos ansiosos y un muro de cristal que los separa. Los mismos títulos en todas las librerías, repetidos mil veces (imitados otras tantas). Y autores que arrastran su amor por la escritura ante la indiferencia de editores que no los ven rentables. Y grandes, grandísimos autores, que llegan, leen y, sin quererlo, dan testimonio de nuestra derrota.