La gota

Sábado, 26 Noviembre 2011 05:00
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Ayer fue el día internacional contra la violencia de género, que es la forma eufemística de decir violencia machista. Las cifras lo dejan claro: alrededor del 80% de las personas que comenten ese tipo de delitos son hombres, así que el género de la violencia suele ser masculino. Una violencia que ha matado en España tantas mujeres en diez años como muertos ha causado el terrorismo de ETA desde 1979.

Sin embargo, la toma de conciencia de las dimensiones de esta tragedia colectiva, que golpea a todos los países, apenas si moviliza a una pequeña parte de la sociedad. Anoche, por ejemplo, en Lisboa unos pocos cientos de personas recorrían las calles bajo la iluminación comercial navideña. Romper el muro de intolerancia levantado por milenios de discriminación y desprecio hacia las mujeres es una tarea larga, que exige constancia y en la cual cada palabra, cada gesto, representa el tenaz y demoledor papel de una gota de agua.

Actos fallidos

Viernes, 25 Noviembre 2011 05:09
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La noche de las elecciones, al salir del teatro de Madrid en que está actuando, un grupo de seguidores del PP invitó a Viggo Mortensen a festejar su victoria. El actor ni aplaudió ni ondeó bandera. Razón por la cual le llamaron “puto socialista” y “maricón”.

Según Mortensen, más fiel al papel de Sigmund Freud que interpreta en su última película que al rey de El Señor de los Anillos, hay que vigilar a esa clase de gente. Sabio consejo pues esas primeras reacciones en la victoria funcionan como los actos fallidos en el psicoanálisis: revelan las pulsiones latentes en el inconsciente. La derecha española no viene de la lucha antifascista, como la francesa, ni de la tradición liberal anglosajona. Fue fundada por un ex ministro de Franco y lleva dentro los fantasmas del españolismo autoritario. La pieza teatral en que actúa Mortensen se titula Purgatorio. Ojalá no sea una premonición de los tiempos políticos que nos esperan.

 

La mariposa del efecto

Jueves, 24 Noviembre 2011 04:55
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Según la teoría del caos, el batir de alas de una mariposa en Japón puede causar un terremoto en Perú. Gestos mínimos que se expanden en una cadena inimaginable de causa-efecto y van creciendo como ciclones. No es extraño, pues, que beber un café en el Barrio Latino de París acabe desatando la guerra de Libia. Es lo que reivindica el filósofo Bernard Henri Levy cuando afirma haber convencido a Sarkozy de atacar a Gadafi.

BHL (así le llaman en Francia) se ha pavoneado, ante la convención de organizaciones judías reunidas en París, de sus méritos como partero de una guerra que dice no amar, pero que hace suya. Sus razones: los derechos humanos, el protagonismo de Francia y su “fidelidad al sionismo y a Israel”. Decía Marx que cuando la historia se repite lo hace como comedia. Por eso este sangriento filósofo que no ha aprendido nada de los horrores del último siglo resulta una grotesca caricatura del intelectual comprometido.