Niebla

Sábado, 10 Diciembre 2011 05:00
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Anoche la niebla envolvía Lisboa. Como una película expresionista alemana. Misterio en cada rua y un horizonte borrado. Como el futuro. En la esquina del continente, la ciudad parecía querer ser metáfora de lo que sucede en Europa. Todos los países de la Unión, menos Reino Unido, han alcanzado un acuerdo económico básico que emerge de la neblina de la crisis como lo hacen los faros de un auto en una carretera brumosa: sin alumbrar más allá de un palmo delante de las narices.

El futuro del euro sigue en la oscuridad. Nadie habla de inversiones, de gasto social, de políticas de empleo. Se habla de todo lo contrario. Recortes y más recortes, como si en Bruselas se hubiera hecho con el poder un sastre loco. La buena noticia es que Europa empieza a dotarse de instrumentos continentales. La mala es que lo que se piensa hacer con ellos es un disparate. Como en el chiste, Europa estaba al borde del abismo y ha dado por fin un paso adelante.

Hacer mudanza

Viernes, 09 Diciembre 2011 05:12
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Decía San Ignacio de Loyola: “en tiempos de tribulación, no hacer mudanza”. Visto el éxito de la Compañía que fundó, no parece mal consejo. Porque no se trata de evitar cambios sino de hacerlos cuando se está en condiciones de que el remedio no sea peor que la enfermedad. Ahora, atribulados por la crisis, los gobernantes europeos se apuntan a cambios apresurados, cuyas consecuencias pueden ser fatídicas.

Los recortes empujan a Europa a la recesión, la desigualdad y  la crisis monetaria e institucional. Pero no es raro: el problema no puede ser la solución y la clase gobernante, financiera y política (socialistas y conservadores son caras de la misma moneda), es la responsable del desastre. Los mismos que lo causaron pretenden ahora que saben resolverlo. Y lo hacen cargando contra los más débiles, para tener cada vez más poder. No sólo han arruinado el presente, van a hipotecar el futuro. Lo que hay que cambiar es a ellos.

Desnudos

Jueves, 08 Diciembre 2011 04:56
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El gobierno de Zapatero ha dejado sin aprobar el reglamento de la Ley Sinde sobre las descargas en Internet. Este gobierno, que ha hecho méritos sobrados para ganarse el título de pusilánime, se va dejando a escritores y artistas a merced de la vertiginosa voracidad del mundo virtual.

Se rechaza cualquier limitación en la red en nombre de la libertad de expresión, pero ese deseo de poner la cultura al alcance de todos no puede hacerse de modo que las obras, que son fruto de años de trabajo creativo, no reporten nada a sus autores y éstos se vean obligados a buscar otros trabajos para vivir. Es una estúpida paradoja: libre acceso a lo que nos gusta aún a riesgo de acabar con eso que nos gusta. Reglamentar la propiedad intelectual en Internet es urgente porque la red, que puede ser el mejor medio para la independencia de la creación, también puede convertirse en su tumba. De momento los creadores siguen desnudos y a la intemperie.