Circo sin pan

Lunes, 19 Diciembre 2011 05:07
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La constitución del nuevo parlamento español ha parecido una comedia de los hermanos Marx. La tercera fuerza del país en número de votos se ha quedado fuera de la mesa del Congreso porque otro partido, con medio millón de votos menos, tiene más diputados. Parece un chiste.

Al mismo tiempo, Amaiur, la coalición abertzale que logró siete diputados, se quedó sin grupo parlamentario porque le faltaron unos pocos cientos de votos en Navarra. Excusa: su vínculo con ETA. Pero no es ETA quien les ha votado. ¿Cuántas varas de medir hay? A veces valen los votos. A veces, los diputados. Siempre lo que le convenga al partido mayoritario de turno. Un sistema así no tiene como propósito representar la voluntad popular sino manipularla a conveniencia. Sin importar que los argumentos sean de chiste. Se reduce la democracia española a mero circo, pero con la crisis no hay pan a repartir, así que es muy difícil que nadie les ría las gracias.

 

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Debe de ser un pecado grande porque hay que haber hecho algo imperdonable para merecer esto: que ningún líder político, sea del color que sea, pase el test de honestidad y coherencia. El último es Barak Obama. Millones de ciudadanos del mundo se ilusionaron cuando ganó la presidencia de EE.UU. (puesto que es imperio, quizá habría que dar voto al resto del planeta en esas elecciones y, si acaso, limitárselo a los estadounidenses, que nunca aciertan) y ayer afirmó que EE.UU. sale de Irak dejando un país mejor.

¿Quién preguntó a los iraquíes si querían pagar el precio de esa mejoría? ¿Es tanta la ceguera del poder que ha acabado por creerse sus propias mentiras? Habló de éxito en un país destrozado y sembrado de cadáveres. De altruismo, mientras las petroleras se frotan las manos. Sí, ha sido un gran pecado: renunciar a participar activamente en la vida política y, al hacerlo, dejar nuestro destino en manos de los hipócritas.

Figuras de cera

Jueves, 15 Diciembre 2011 05:09
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El Museo de Cera de Madrid ha retirado la escultura de Iñaki Urdangarin del grupo de la Familia Real española. Quién diría que un museo kitsch iba a ser el termómetro de la crisis institucional, una metáfora del sistema. Pero es lógico: al fin y al cabo, el Rey es el jefe del Estado español.

El sistema político nacido tras la muerte de Franco más que museo parece teatro de cera. Todo se viene abajo. El goteo de políticos corruptos es interminable. El sistema electoral diluye la voluntad del pueblo con un reparto de escaños discriminatorio. Los ciudadanos son espectadores de una obra de la que están excluidos, pero que pagan cara. El Estado de Bienestar se licua bajo la presión de los mercados. La Iglesia Católica mantiene la lacra de sus privilegios económicos y educativos. Se acaba la representación y las figuras de cera se resienten del calor de la indignación ciudadana. ¿Cuándo será el turno de los actores de carne y hueso?