Los muertos del PP

Jueves, 13 Julio 2017 11:24
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El Partido Popular ha hecho del homenaje a Miguel Ángel Blanco, asesinado por ETA en 1997, una acto de acoso contra la alcaldesa de izquierdas de Madrid, Manuela Carmena. Fundado y presidido hasta su muerte por el ex ministro franquista Manuel Fraga, el PP reproduce fielmente dos patrones ideológicos del fascismo español: la apropiación de la identidad española, que convierte en antiespañol a quien se aparta de su visión de la patria, y la apropiación excluyente del luto.

Habla de víctimas del terrorismo, pero exige trato especial para sus muertos y hace un uso patrimonial del duelo. Como dio el franquismo trato especial a los suyos, levantando el Valle de los Caídos y arrojando a cientos de miles de ejecutados republicanos a fosas comunes clandestinas por toda España. Se entiende bien por qué al PP le preocupa tanto una pancarta por su concejal muerto y tan poco desenterrar a las víctimas del régimen del que proviene.

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La decisión de Podemos de no invitar a seis medios de comunicación a un desayuno restringido off (o sea, con compromiso de no reproducir lo que en él se hable) ha hecho que la Asociación de la Prensa de Madrid cargue de nuevo contra este partido en una nota de prensa. Hace unos meses, esa asociación acusaba a Podemos de amenazar a periodistas, sin aportar prueba alguna de dichas “amenazas”. Y en su nota habla de “veto” y de “exclusión”, como si la invitación a esos medios fuera obligatoria.

Reuniones off restringidas las hacen las más diversas fuerzas políticas, al igual que conceden entrevistas a unos medios sí y a otros no sin que la asociación se indigne. Lo que debería ser organismo de defensa profesional se ha convertido en herramienta de acoso político contra Podemos. Lo irritante es que este doble rasero, que revela una militante inquina ideológica, se aplique hipócritamente en nombre de la profesión periodística.

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La izquierda que ha votado a Macron para impedir el triunfo de Marine Le Pen no debe conceder al nuevo presidente ni un día de respiro. La ambigüedad calculada de este oportunista de la política le ha servido para llegar al poder sin pertenecer a ningún partido tradicional. Ahí ha estado su fuerza. Ahí está también su debilidad.

Francia le ha cerrado la puerta al fascismo (porque eso representa el FN, aunque los grandes medios lo enmascaren recurriendo al concepto-papelera de “populismo”). La izquierda alternativa ha cumplido un primer deber: permanecer fiel a la lucha antifascista. Con una generosidad hacia su adversario ideológico que cabría preguntarse si habría sido recíproca si fuera Mélanchon quien hubiera pasado. La tarea ahora es desplazar del gobierno al neoliberalismo en las próximas elecciones con una oposición que presente un modelo social diferente y evite que la desesperanza siga dando alas al FN.

 

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