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Desde que Podemos adquirió protagonismo en la vida política española, muchos militantes antichavistas, tanto en España como desde Venezuela, arremeten contra Pablo Iglesias y su formación acusándolos de todo – de aspirantes a dictadores hasta ladrones− antes de que hayan conseguido siquiera un concejal, con un discurso de pura Guerra Fría. Incluso han creado un Movimiento Español Venezolano AntiPodemos.

Los antichavistas venezolanos no parecen ser conscientes de que esa demagogia oportunista contra Pablo Iglesias y Podemos sólo hace que se descrediten ellos mismos en España entre quienes, conociendo la política española, sabemos que el discurso histérico Antipodemos no es una crítica, es una patraña. Están haciendo un flaco servicio a su propia causa, pues si distorsionan la realidad española de manera tan grosera, ¿cómo se puede saber que no están distorsionando de igual modo la realidad venezolana?

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Si hay algo insoportable del Estado es que se arroga no sólo el derecho a cometer tropelías sino también a establecer el plazo en el que su responsabilidad por ellas se cancela. En estos días hemos asistido a una lluvia de críticas contra el gobierno griego por haberse atrevido a pedir cuentas a Alemania por los horrores que los nazis cometieron en Grecia. ¿Es tan descabellado su alegato cuando el antiguo país invasor tiene hoy ahogada a la sociedad griega?

Los millones de muertos y el terror causados por un gobierno alemán que llegó al poder en unas elecciones y con un programa racista y violento son una herida que sigue abierta en la memoria. Por eso, como bien dijo la escritora Marguerite Duras en 1993, “una Europa alemana no es soportable”. Nadie piensa que Alemania vaya a imponer de nuevo el yugo nazi, se trata de evitar que Alemania se adueñe impunemente del destino de Europa por otros medios, como si nada hubiera pasado.

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Ante el batacazo anunciado del PP, de cuya salida del gobierno de España en las próximas elecciones casi nadie duda, los defensores del establishment han montado a toda prisa la operación Ciudadanos tras el fiasco UPyD, al modo como se montó el partido To Potamí (El Río) en Grecia: un partido centrista que oscile a derecha o a pseudoizquierda según convenga y cuyo objetivo obvio sea tratar de ser la bisagra que condicione las políticas de la izquierda alternativa en auge.

La bicefalia del régimen neoliberal (PP-PSOE) está en crisis y el riesgo de que la izquierda (Podemos, IU, etc…) logre presentar candidaturas unitarias que la conviertan en primera fuerza electoral lleva a apostar por un partido multiuso que se vuelva indispensable, no vaya a ser que el batacazo del PSOE (que promete ser aún mayor que el del PP) empuje a los socialistas a concluir que deben de apoyar verdaderas políticas de izquierdas para sobrevivir.