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Tras tantos años de practicar una desmemoria cotidiana casi nadie recuerda que hace exactamente veintiséis años, en el verano de 1989, el éxodo de decenas de miles de ciudadanos de la entonces República Democrática Alemana desató la crisis política que terminó con la caída del Muro de Berlín y la desaparición del bloque soviético en Europa.

Hacinados en campamentos en la frontera de Hungría, huyendo de la crisis económica que sufría la Alemania comunista y con el propósito de llegar a la República Federal Alemana, los refugiados alemanes del Este anunciaron, con la mera presión física de su desesperación, el colapso del sistema comunista impuesto por la URSS en la Europa del Este. Hoy, cientos de miles de refugiados provenientes de los territorios de guerra y hambrunas que Europa ha propiciado en países como Libia, Siria o Afganistán, se agolpan en las fronteras. La hora del cambio ha llegado a la Europa neoliberal.

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La agresión a la portavoz de la derechista VOX en Cuenca, por un trío de energúmenos que la llamaban "fascista", es otro ejemplo de la crispación fomentada por retóricas agresivas provenientes de todo el espectro político. Hay mucha brutalidad en la manera de hacer política en España y en la manera de debatir en los espacios públicos (la mayoría de las tertulias televisivas es un vocerío de individuos sin cerebro ni educación), y esa nefasta pedagogía se extiende a todos los niveles y alienta a los más brutos e intolerantes.

Este vergonzoso episodio debería servir para poner coto a la agresividad y la estulticia en la televisión, dejar de hacerse eco de las declaraciones insultantes de los políticos y sacar de la primera fila en cada partido a quienes fomenten la agresividad. Se está creando un clima irrespirable. Hay demasiada gente que siembra vientos en España y cualquier día vamos a empezar a cosechar tempestades.

*Link a la noticia de la agresión a la portavoz de VOX:  http://www.publico.es/espana/hospitalizada-presidenta-vox-cuenca-recibir.html

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La noticia del cierre del centenario café Comercial de Madrid, que fue sede de célebres tertulias literarias, ha levantado una ola de protestas a las que algunos responden diciendo que el local se había convertido en un trasto viejo, sin mayor valor actual. Uno se pregunta qué se diría en París o en Buenos Aires si cerraran La Coupole o el café Tortoni. Es impensable. Y nadie diría  que esos locales no son hoy lo que eran en la época de Sartre o de Borges, pues se tiene conciencia de que su valor radica en lo que fueron, en lo que representaron, en la memoria cultural que guardan.

En esta España de mercachifles, todo se mide exclusivamente por su rentabilidad. Lo que no es rentable se desprecia. El viejo café de Madrid desaparece como otro ejemplo de la amnesia colectiva que lacera a España. Pero la desmemoria cultural es más que una injusticia, es expresión de desamor por lo que somos. Porque todos somos hijos de nuestra Historia.

* Link a la noticia del cierre del café Comercial: http://cultura.elpais.com/cultura/2015/07/28/actualidad/1438091110_435901.html